Siempre me ha gustado el fútbol, desde niña me encantaba ver con la familia los partidos de Perú, creo que de esa forma me fui enamorando de mi país, ese fue nuestro match, y poco a poco ese sentimiento de admiración fue creciendo.
Como hija de norteños, la comida ha sido uno de los principales factores que me causaron curiosidad, si supieran el deleite de sabores y sazón en mi casa, son inigualables. Gracias a todos estos detalles sigo alimentando ese bichito mío de seguir conociendo y probando cada rincón de este hermoso Perú, pero eso solo lo lograré si sigo viajando.
Estoy completamente cautivada por el Perú, vivo orgullosa de ser PERUANA (en mayúscula y con el pecho inflado) y espero ansiosa por recorrer más kilómetros, más paisajes, más playas, más selva y todo todito todo.
A lo largo de los viajes que he realizado en su interior he descubierto características en mi que no conocía, es que claro muchos creen que hacer turismo es simplemente conocer un lugar y tomarse fotos, yo creo que es mucho más, es aprender de las costumbres, de la forma de vivir, hacer turismo vivencial para encontrarte a ti mismo.
Pues esta frase que algún día leí en internet «Solo conoces el mundo en el que naciste, si tienes la oportunidad de vivir los otros mundos, ¡ Qué afortunado!» ahora si tiene sentido, ahora la entiendo mejor.
